A los 9 meses de vida me dio una meningitis dejando como secuela dificultades en mi habla; de pronunciación y emisión de mi voz. Por lo que ha sido una condición de toda mi vida, la cual no fue impedimento para hacer una “vida normal” estudios, amigos, parejas y todas esas cosas de la vida misma.

¿Por qué yo? ¿era un castigo? ¿una prueba?

Siempre intenté demostrar que era algo que no me afectaba, pero por dentro llevaba un gran dolor, el querer hablar bien, el querer ser igual a todos, ¿por qué tenía que hablar así? ¿Por qué yo? ¿era un castigo? ¿una prueba?

Este dolor que no se aliviaba con cosas materiales, ni con personas, ni nada que pudiera obtener, me llevó a una mirada enfocada hacia mi interior, así comenzó mi búsqueda por algo más, por ese bienestar que anhelaba sentir, desde muy temprana edad.

En este camino comenzaron a aparecer conceptos como: amor propio, autoestima y por supuesto la aceptación personal. Pero eran eso, nada más que conceptos que no lograba integrar realmente a mi diario vivir.

Algo que no me daba cuenta era que todas esas reacciones eran totalmente naturales, que lo más probable es que yo también las habría tenido al escucharme, ya que es algo nuevo y desconocido para muchos.

Luego de mucho trabajo personal, con psicólogos, talleres de todo tipo, charlas y todo lo que creía que me podía aportar a sentirme mejor, llegué a la conclusión de que lo que no me gustaba no era mi forma de hablar en sí, sino que mi habla fuera “diferente”, era hablar y que todas las miradas se volvieran hacia mí, era la reacción que veía en las personas. Eso me avergonzaba demasiado. Algo que no me daba cuenta era que todas esas reacciones eran totalmente naturales, que lo más probable es que yo también las habría tenido al escucharme, ya que es algo nuevo y desconocido para muchos. Destaco que nunca en mi vida recibí una burla de alguien.

Desde que me di cuenta que lo que no me gustaba era “hablar diferente al resto”, logré ver mi rechazo hacia mí misma, rechazaba lo que yo era, ¿cómo era posible sentir algún tipo de bienestar con esa manera de tratarme?

 

Pero desde ese momento la pude ver desde otra perceptiva, fui capaz de abrazarla y decirle bienvenida
 Maite Bustamante, 30 años. Santiago, Chile.

Maite Bustamante, 30 años.
Santiago, Chile.

Toda mi vida había visto mi manera de hablar con rechazo, como mi máxima enemiga con la cual debía enfrentarme día a día, ya fuese hablando o llevando a cabo mis terapias fonoaudiológicas, desde una posición completamente de odio por mí misma. Pero desde ese momento la pude ver desde otra perceptiva, fui capaz de abrazarla y decirle bienvenida, desde ahí automáticamente le di la oportunidad para comenzar a transformarse de mi vieja enemiga a una nueva amiga y aliada, lo cual significó un gran alivio, un gran peso que me saqué de encima, un gran y real avance en mi bienestar. No podría decir que es algo que ya está superado para nada, pero es un gran comienzo a un nuevo camino conmigo y no contra mí, desde el amor hacia mí misma, desde mi aceptación, con todo el cariño que merezco. Y así, permitirme ser quien deseo ser.

Me atreví a escribir este relato, porque creo que de alguna manera a muchos nos pasa, que tenemos un motivo para no aceptarnos, para no dejarnos ser en libertad y para no amarnos, que es algo que duele muchísimo y no se habla. Abrirse a compartirlo nos hace ver que así como todos tenemos nuestras diferencias, también somos muy parecidos.

Comment