Mi nombre es Yudit y viví 26 años en Cuba. Me he animado a comentar algo de mi historia porque soy una convencida de que todos vamos acumulando sabiduría en nuestro caminar y creo merece la pena compartir nuestras batallas, sobre todo si puede servir para mostrarle a otros que no están solos y que el camino más reconfortante es el reecuentro hacia nosotros mismos.

Desde niña siempre me gustaron los escenarios por lo que me gradué en una escuela de Danza en Holguín, Cuba. En mi familia había un especial interés porque fuera universitaria, así que dejé de lado las zapatillas de baile y me puse a estudiar. Terminé mi carrera universitaria, luego me diplomé, trabajé y entre medio viajé a Chile buscando satisfacer un anhelo de conocer y experimentar el mundo.

Fui reconciliándome con el espanto que me daba la soledad y la hice mi amiga, al punto que la disfruté y empecé a ver cómo me convertía de a poco en una mujer independiente

De vivir con mis padres en una isla, trabajando a una cuadra de mi casa, terminé viviendo sola en un país desconocido, había terminado con mi pareja y no sabía cómo iba a sobrevivir sola en este lugar. Recuerdo estar desconsolada en llanto preguntándome qué iba a hacer con mi vida, fueron momentos duros para mi, me aferré de una extraña confianza interna y me abrí al mundo, decidí transformar el miedo en asombro y continuar mi viaje. Fui reconciliándome con el espanto que me daba la soledad y la hice mi amiga, al punto que la disfruté y empecé a ver cómo me convertía de a poco en una mujer independiente, con un círculo de amigos y una rica vida social. Reconozco que la alegría que caracteriza a mi país y el baile fue una herramienta que me ayudó en ese proceso, el baile me recordaba quien era, me recordaba la filosofía de vida que tenemos los cubanos ante las adversidades y los obstáculos, el baile me hacía disfrutar, reir, volver al presente, agradecer, equilibrar y más que un momento de diversión se convirtió en mi ritual para conectar con mi esencia.

Tenía miedo, pero sabía cual era el camino: una vez más confiar en la vida y en mi. Volví a abrir mis brazos, solté y me dejé sorprender

Sentí que ganaba mi primera medalla de guerra y me sirvió para mi segundo desafío. Mi asombro por un nuevo sistema económico me había movido a trabajar en Holdings de Tecnologías e Inversiones, una dirección radical que generó una inconformidad profunda con la vida que tenía, apareció una pregunta que no me dejaba en paz: ¿me arriesgo y busco lo que me hace feliz, o sigo con esta vida insatisfecha y segura? Tenía miedo, pero sabía cual era el camino: una vez más confiar en la vida y en mi. Volví a abrir mis brazos, solté y me dejé sorprender, tomé el timón e hice un giro de 180 grados y en ese giro descubrí que lo que le daba y da sentido a mi vida es acompañar a otros a encontrar su camino y a hacerles la vida más liviana y más feliz.

Me empecé a formar como Coach Ontológico (una disciplina que se encarga de acompañar a las personas a incorporar aprendizajes que necesitan para alcanzar sus metas) y le di a la danza un espacio importante en mi vida.

La vida es tan sabia que en el tiempo justo, con las experiencias adecuadas, las entendamos o no, hace que nos reencontremos y veamos la brújula donde siempre estuvo: en nosotros

Hoy sigo haciendo talleres de crecimiento personal, proyectos de danza con niños con capacidades diferentes, clases de salsa como una herramienta para equilibrar emociones y conectar con nuestro SER, en fin, hoy ratifico que todos tenemos una brújula de vida que intenta conectarnos con nuestros propósitos profundos, con esa felicidad anhelada que todos buscamos, algunos damos vueltas más largas pensando que esa plenitud, esas coordenadas se encuentra afuera en algún país, al lado de alguien o conquistando algún logro, finalmente la vida es tan sabia que en el tiempo justo, con las experiencias adecuadas, las entendamos o no, hace que nos reencontremos y veamos la brújula donde siempre estuvo: en nosotros, muy dentro, muy profundo.

Mis grandes aprendizajes:

De los grandes reveses vienen las grandes enseñanzas, y hoy mi mirada ante una situación difícil es diferente: ¿Qué necesito aprender que la vida me lo repite una y otra vez? Qué necesito valorar? ¿Qué necesito perdonar? Sé que la sabiduría viene de aceptar lo fáctico de la vida y saber estar en equilibrio en medio del huracán es un músculo potente que necesita práctica, pero que se logra.

El ser víctimas de las circunstancias nos quita el poder inmenso que tenemos, el hacernos cargo y responsabilizarnos en cambio nos despierta y nos pone en frente de nuestras sombras para aceptarnos, perdonarnos y con ternura y ahinco seguir nuestro camino. Sé que no voy a entender el por qué de todas las cosas y a veces ni me interesa, el PARA QUË es más trascendente. Hoy en retrospectiva agradezco TODO lo que viví en mi Cuba, agradezco los momentos de pánico en mi soledad, agradezco las relaciones de pareja tóxicas que tuve, las inseguridades, las caídas, agradezco TODO porque eso me hace ser la mujer que soy.

 Yudit Méndez, 32 años. Holguín, Cuba.

Yudit Méndez, 32 años.
Holguín, Cuba.

Nos vemos por ahí un día de estos para bailar, sonreir, amar, filosofar, aprender, crecer y cocrear un mundo de luz... ¡Espera!

¿Y si bailamos este 26 de Julio a las 19:30 en mi taller "La salsa como herramienta para equilibrar tus emociones"? Inscríbete aquí

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